¿En qué pacientes está indicada la biopsia de mama asistida por vacío (BAV) y la escisión asistida por vacío (EAV)?
La biopsia de mama asistida por vacío (BAV) y la escisión asistida por vacío (EAV) se han convertido en importantes herramientas para el diagnóstico y tratamiento de la patología mamaria.1 Con fines diagnósticos, la BAV permite obtener una mayor cantidad de tejido que con las técnicas de punción percutánea tradicionales, con lo que mejora la exactitud del diagnóstico1,2,3 Con fines terapéuticos, la EAV es una alternativa al tratamiento quirúrgico de determinadas lesiones mamarias.
La BAV y la EAV se realizan con el mismo equipo de biopsia, que consta de una sonda con una aguja de gran calibre en la que se aloja un bisturí rotatorio, y que está conectada a un sistema de vacío, que aplica aspiración durante el procedimiento. La combinación de corte con el bisturí rotatorio y aspiración con vacío, hace posible la obtención de un volumen importante de tejido de alta calidad para estudio diagnóstico (BAV) e incluso con extirpación completa de la lesión (EAV), con una única inserción de la aguja en la mama. Los procedimientos con intención diagnóstica (BAV) habitualmente se realizan con control ecográfico, estereotáxico y de resonancia magnética (RM), mientras que la técnica guía más comúnmente utilizada en tratamiento (EAV) es la ecografía.1,4,5
Técnica de biopsia con valor clínico demostrado
En los últimos años se han publicado múltiples series en la literatura sobre la utilidad clínica de la BAV y la EAV. Los resultados demuestran con rotundidad que es una técnica segura, fiable y mínimamente invasiva. De hecho, se ha demostrado que es considerablemente más eficaz que los métodos tradicionales, como la biopsia con aguja gruesa (BAG) y la punción aspiración con aguja fina (PAAF), que requieren varias inserciones de la aguja y se asocian a tasas de resultados falsos negativos, insuficientes e infraestimación en lesiones de alto riesgo histológico (B3) más elevadas.1 En términos generales, la BAV y la EAV han demostrado su valor clínico para la confirmación histológica de carcinoma y como alternativa a la cirugía en el tratamiento de un alto porcentaje de lesiones benignas, lo cual las convierte en opciones excelentes para muchas pacientes.
Indicaciones diagnósticas
Las indicaciones diagnósticas más aceptadas de la BAV son la biopsia de microcalcificaciones con guía estereotáxica y la de lesiones únicamente identificables en RM, en las que la biopsia debe realizarse con esta guía. En ambas indicaciones, la BAV es claramente superior a la BAG y la PAAF.
Más recientemente se han introducido otras indicaciones, como la biopsia de distorsiones arquitecturales, sospecha de lesiones papilares intraductales o intraquísticas en pacientes con o sin secreción patológica por el pezón asociada, o como técnica de segunda línea tras BAG en lesiones con resultado radiopatológico no concordante, lesiones histológicas de alto riesgo (B3) y resultado de lesión fiboepitelial (fibrodenomas complejos, fibroadenomas conocidos que han aumentado de tamaño y sospecha de tumor filodes benigno en BAG). En todos estos casos, la guía de imagen de elección, siempre que sea posible, es la ecografía. En caso de que la lesión no sea identificable al final de la biopsia y si el resultado final es benigno, estos procedimientos también se pueden considerar terapéuticos.6 De acuerdo con la evidencia clínica y científica existente, esta técnica es una opción segura tanto en el caso de lesiones palpables como no palpables de cualquier tamaño, incluidas las de menos de 5 mm de diámetro; esto último es especialmente relevante dada la elevada tasa de resultados falsos negativos falsos asociada a las alteraciones mamarias pequeñas cuando se emplean otros métodos diagnósticos como la BAG.1
Por otra parte, la BAV guiada por imagen, específicamente con ecografía, es eficaz independientemente del tipo de lesión, su tamaño y su localización o del tamaño de la mama.7
Indicaciones terapéuticas
El Instituto británico para la excelencia de la asistencia sanitaria (NICE por sus siglas en inglés) recomienda la escisión mamaria asistida por vacío (EAV) y guiada por imagen para la extirpación de tumores benignos, confirmados en punción previa (específicamente fibroadenomas). El uso de la EAV permite la rápida eliminación de los síntomas y la ansiedad de la paciente, sin que sea necesario intervenir quirúrgicamente.
Es importante tener en cuenta que, dado su elevado grado de eficacia, la BAV puede ser idónea para el diagnóstico y tratamiento de nódulos probablemente benignos cuando hay una alta probabilidad de que el seguimiento no se complete, en caso de embarazo o si la paciente desea la extirpación de la lesión.1 En el tratamiento de nódulos benignos, el tamaño máximo que es posible extirpar mediante EAV, oscila entre 4-5 centímetros, en función fundamentalmente de la experiencia del especialista que realice el procedimiento.
Otras indicaciones menos frecuentes son el tratamiento de patología inflamatoria (drenaje de abscesos de alta densidad o extirpación de fístulas galactofóricas) y ginecomastia en varones, con o sin liposucción asociada. En la actualidad se está planteando como alternativa a la cirugía en el tratamiento de tumores filodes benignos y en casos muy seleccionados de carcinomas en pacientes en las que la cirugía puede suponer un riesgo por edad avanzada o enfermedades concomitantes.
Cómo mejorar la experiencia de tu paciente
Desde el punto de vista de las pacientes, la BAV presenta múltiples ventajas sobre otras técnicas de punción (PAAF y BAG) y sobre la opción quirúrgica.
Con respecto a otras técnicas de punción, la biopsia asistida por vacío permite obtener múltiples muestras de tejido con una única inserción de la aguja, y la seguridad diagnóstica es mayor en las indicaciones diagnósticas referidas, lo que reduce la probabilidad de repunciones o biopsia quirúrgica ante resultados no diagnósticos.
Con respecto a la opción quirúrgica (biopsia quirúrgica diagnóstica y tratamiento quirúrgico de lesiones benignas), la BAV-EAV son procedimientos ambulatorios, que se realizan con anestesia local, la morbilidad y el tiempo de recuperación es menor, y los costes para la paciente y el sistema sanitario son significativamente inferiores. Para la paciente, el procedimiento de BAV-EAV es de corta duración (entre 13 y 60 minutos), precisa un tiempo de recuperación de 24-48 horas y, en general, afecta mínimamente a las actividades de la vida diaria. La tasa de complicaciones es también inferior a la de la cirugía, por lo que se puede considerar una técnica segura. Las complicaciones más frecuentes son dolor, hematoma, sangrado e infección limitadas a la localización de la biopsia. Estas complicaciones habitualmente son leves y se resuelven espontáneamente.7,8
Asimismo, la cicatriz en el lecho de la biopsia es menos evidente que tras una biopsia quirúrgica, por lo que es muy poco probable que interfieran con estudios de imagen posteriores, aunque es deseable que el radiólogo que interprete los estudios esté familiarizado con estos cambios, para evitar biopsias innecesarias.9
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Referencias
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